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Familia y sociedad

Cuando los años pasan: abuelos en familia

Acercarse al envejecimiento como proceso demanda conocer el rol del viejo dentro del ámbito familiar, la naturaleza de las relaciones con los hijos y las formas de solidaridad intergeneracional como elementos fundamentales para determinar la calidad de vida en la vejez.
Familia feliz. Foto tomada de: time2track.com

La familia, como red social de apoyo, acrecienta su importancia con el envejecimiento de sus integrantes de más edad, condicionados en esta etapa de la vida por la reducción de su actividad social, lo que incrementa para el anciano el valor del espacio familiar, que siempre será el insustituible apoyo, a pesar de la imagen difundida en las últimas décadas sobre la degradación de la atención de los padres.

Algunas investigaciones realizadas sobre el tema refrendan que las mayores expresiones de bienestar en la vejez se encontraron siempre asociadas a una fuerte interacción con la familia, postura que confirmaron hace más de un década sendas valoraciones ejecutadas en sus respectivos países por el francés Attias Donfut y los norteamericanos Mullins, Johnson y Anderson en 1987.

Para el investigador galo, las relaciones basadas en un alto nivel de solidaridad intergeneracional poseen la capacidad de reducir el estrés patogénico de los ancianos y reforzar su actitud para prolongar su existencia.

Un estudio cubano sobre el tema demostró que la dimensión familiar es la que más contribuye a la percepción de la calidad de vida, a la vez que constituye la principal fuente de ayuda, compañía, cuidado y respeto para la personas de avanzada edad, criterio que refuerzan dos investigaciones asumidas por el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas de la Academia de Ciencias de Cuba, en las que se define la familia como el grupo social fundamental para la ayuda al adulto mayor.

La familia crece y a través del tiempo desarrolla una historia familiar, la que, a diferencia de los cuentos infantiles, no siempre tiene un final feliz, por no ser una estructura homogénea, con un comportamiento estable, sino una organización relacional muy compleja. En ella intervienen en ocasiones tres y hasta cuatro generaciones que para sostener su unidad precisan de tolerancia y adaptabilidad a diferentes cambios en los ciclos de vida colectiva.

La continuidad de la familia se asegura al ser un sistema multigeneracional, pero, al mismo tiempo, con intereses, demandas y realizaciones personales de sus componentes que complican la convivencia. En las familias multigeneracionales es común que las diferentes necesidades e intereses de sus integrantes se contrapongan en determinados momentos y circunstancias, que provocan tensiones dentro del seno familiar que afectan el estado emocional y los niveles de satisfacción de los adultos de más de 60 años.

Una de las causas que hacen más complejas las relaciones en la familia de varias generaciones es el modo en que sus miembros asumen los roles que les son asignados. Por naturaleza, los padres tienen expectativas de ser retribuidos con afecto, apoyo moral, ayuda material y financiera. También esperan atención a los más viejos en casos de enfermedad. Es en el juego de estas expectativas mutuas en el que surgen muchos de los nuevos conflictos entre hijos adultos y padres viejos.

La funcionalidad de la familia estará siempre en dependencia de la capacidad de adaptación de sus integrantes a los requerimientos de cada nueva transformación, tanto desde el plano de las necesidades de la familia como unidad social como la de cada uno de sus miembros. Para la familia multigeneracional esta determinación requiere, además, reconocer y aceptar las peculiaridades de cada generación.

La familia funcional se basa en un proceso de continuidad entre el pasado y el futuro, lo que implica que los hijos adultos asuman la responsabilidad frente a los padres quienes con frecuencia reclaman atención y cuidados al disminuir su influencia familiar. La calidad de los vínculos se inscribe en la historia de las relaciones entre sus componentes.

Por el contrario, en la familia disfuncional, el resultado de un enfrentamiento inadecuado de las necesidades y demandas vitales de sus integrantes, provoca una alteración del equilibrio entre estabilidad y cambio que desestabiliza la convivencia, facilita la aparición de tensiones. Esto da lugar a la aparición de rigideces y desajustes adaptativos que al persistir constituyen causa de sufrimiento para algunos de sus miembros.

Uno de los temas más críticos para la vejez y la familia que envejece es el de la dependencia, ya que afecta en gran medida la relación con los hijos y remite al planteo de la reversión de los roles, lo que no puede interpretarse como una regresión del anciano, toda vez que él ha transitado por más de una etapa y ahora, sin perder la condición de padre, se enfrenta a una nueva relación de dependencia de sus descendientes en la que nunca llegará a definirse como el hijo de su hijo.

Cuando la enfermedad irrumpe o sobreviene la incapacidad, el conflicto adquiere un tono diferente, que se agrava si se trata de una enfermedad crónica, ante esta situación es inminente una reorganización del sistema familiar que permita hacer frente a este cambio en los hábitos de convivencia de la familia.

En el Centro Iberoamericano para la Tercera Edad, como parte de la evaluación geriátrica que realizan sus profesionales, se estudia la esfera familiar con el objetivo de identificar disfunciones en las relaciones interfamiliares y determinar intervenciones que ayuden a la eliminación de las causas de la disfuncionalidad.

En esta dirección actúan los grupos de orientación familiar, equipos de profesionales que accionan fundamentalmente con familias con ancianos discapacitados física o mentalmente. Otro ejemplo de la labor educativa radica en la Escuela de Cuidadores, dirigida a familiares de pacientes con demencia, además de las habituales dinámicas familiares encaminadas a modificar la interrelación familiar, mejorar el apoyo social, ayudar en la toma de decisiones y contribuir en el enfrentamiento a eventualidades y situaciones difíciles para la familia como la pérdida de seres queridos, el cambio de domicilio o la disminución de facultades.

De acuerdo con la experiencia acumulada en estos años, se puede asegurar que los vínculos del anciano con la familia pueden variar de un colectivo a otro en función de su historia pasada, su estructura como grupo, la personalidad de sus miembros y otros factores, que conducen a una necesaria profundización de los estudios para determinar el estado y el tipo de relaciones entre el anciano y sus descendientes, a fin de detectar los puntos más vulnerables y convertir a la familia en una verdadera fuente de bienestar.

El trabajo en y con la familia constituye una instrumento privilegiado e imprescindible en la atención geriátrica. La permanencia del anciano en su marco de vida es un factor beneficioso para el mismo por contribuir a conservar sus capacidades físicas y psíquicas.

De acuerdo con las tendencias demográficas actuales, la población cubana apunta hacia un envejecimiento acelerado, por lo que los patrones de pronóstico determinan que al finalizar el primer cuarto del presente siglo el número de personas de la tercera edad adquiera un peso sustancial en Cuba, algo nunca antes ocurrido y que exigirá una adecuada preparación de toda la sociedad.

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