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Cambio climático

¿Islas con fecha de caducidad?

El cambio climático amenaza a nuestra islas. Foto tomada de: m-x.com.mx

No pocos países podrían tener fecha de caducidad, es decir, están condenados a desaparecer, si no se produce realmente un cambio. ¿Cuántas veces no hemos escuchado lo mismo? ¿Cuántos documentales y textos periodísticos nos han puesto en alerta? Pero las cifras que derivan de los efectos del cambio climático preocupan cada vez más a muchos y confirman la urgencia prolongada de buscar soluciones de conjunto. Pensemos, por ejemplo, que bastaría el aumento de 50 centímetros en el nivel del mar para que Granada pierda el 60% de sus playas, o que un aumento de 1 metro inundaría Maldivas.

En la actualidad, 39 pequeños Estados insulares en desarrollo— repartidos en 3 regiones geográficas— comparten desafíos y circunstancias comunes: son particularmente vulnerables a las crisis económicas, al cambio climático y a la degradación ambiental.

Colocar en el buscador de Twitter el hashtag #Islas2014 puede devolver a los usuarios algunas de las disimiles preocupaciones de los habitantes de estos territorios y de la comunidad internacional, pues, como ha dicho el Secretario General de Naciones Unidas Ban Ki Mon: “cuando miramos a los Estados insulares comprendemos mejor las vulnerabilidades que enfrentamos todos en el planeta, por tanto, al lidiar con sus desafíos estamos creando las herramientas para promover a nivel mundial el desarrollo sostenible”.

En un contexto donde no se ha dejado de hablar del desarrollo sostenible—recordemos que 2014 fue declarado Año internacional de los Pequeños  Estados Insulares (PEID) y que la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños firmó una declaración  en la que se invitaba a los Estados latinoamericanos y caribeños “a continuar reconociendo y apoyando la agenda de desarrollo sostenible, mediante la cooperación regional y el compromiso de dar seguimiento a los acuerdos adoptados en la Conferencia de  Río + 20”—acaba de concluir en Samoa, una isla ubicada en el Pacífico sur, la III Conferencia sobre los PEID.

Durante cuatro días, el mayor foro celebrado en el Pacífico reunió a delegados de 115 naciones, con el objetivo de aguzar una vez más la mirada sobre aquello que 179 países reconocieron en 1992: “los pequeños Estados insulares en desarrollo [...] constituyen un caso especial tanto para el medio ambiente como para el desarrollo [...] [y] se los considera sumamente vulnerables al calentamiento de la Tierra y a la elevación del nivel del mar”.

El difícil reto de construir alianzas para abordar temas como la seguridad alimentaria, la protección y el aprovechamiento de los recursos acuáticos, el cambio climático y la degradación ambiental fue el principal objetivo y, en ese sentido, cualquier acuerdo adoptado requerirá de enormes compromisos globales para su real cumplimiento.

Ban Ki-moon destacó la desproporcionada contribución a la biodiversidad mundial que suponen los SIDS, vitales a la hora de proteger los océanos ya que albergan el 30 por ciento de las 50 mayores zonas económicas exclusivas o mar patrimonial del mundo y pidió una acción colectiva para reducir la vulnerabilidad de estos territorios al impacto devastador del aumento del nivel del agua, así como huracanes, tifones y ciclones.

Según un comunicado de la ONU, se lograron 300 alianzas y sociedades para el progreso de esos territorios y los lazos acordados están valorados en casi dos mil millones de dólares, con el protagonismo de gobiernos, empresas y la sociedad civil.

Según el secretario general de la Conferencia, WuHongbo las iniciativas lanzadas representan una oportunidad única para los pequeños Estados insulares de acelerar sus avances en materia de energía renovable, manejo de desastres y seguridad alimentaria, entre otras.

La cita plasmó iniciativas que buscar impulsar el uso de fuentes alternativas de energía, lo cual constituye una necesidad para estos países debido a los altos costos de los combustibles fósiles; así como alianzas para apoyar la pesca sostenible en esos territorios.

Al intervenir en la Conferencia, Graziano da Silva, director general de la FAO, recordó las implicaciones que tiene el cambio climático para la seguridad alimentaria, los medios de subsistencia y las economías de estos países y destacó la necesidad de pensar a largo plazo un enfoque más integral.

“Para garantizar la seguridad alimentaria no se puede simplemente dar pan a una persona, hay que ayudarle a producir alimentos, adaptarse al cambio climático, hay que garantizar su acceso a los alimentos, incluso mediante la protección social, y hay que garantizarle una dieta diversificada que asegure una nutrición adecuada”.

CUBA POR UN DESARROLLO SOSTENIBLE

La III Conferencia contó con la participación de Cuba, a partir de la representación de la ministra de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente, Elba Rosa Pérez, quien abogó por la instauración de un sistema de relaciones internacionales que tienda a reducir las desigualdades entre los países y propicie la participación de todos en la toma de las decisiones globales.

En incontables ocasiones este ha sido el llamado de Cuba, recordemos los discursos del líder histórico de la Revolución Cubana Fidel Castro y los pasos dados por Cuba en materia medioambiental luego del 1959 y tras la Cumbre de la tierra en 1992.

Pero, como aseguró la ministra en su discurso, muchas de las metas trazadas en materia medioambiental, respaldadas luego por los Objetivos de Desarrollo del Milenio y por el resultado de las Cumbres sobre Desarrollo Sostenible realizadas en 2002 y 2012, aún representan, para la mayoría de los países, un gran reto por alcanzar.

La ministra cubana defendió el lema del evento— “Voces de islas, compromisos globales”— cuando recordó que las múltiples señales de deterioro ambiental indicaban la necesidad de cambiar los insostenibles patrones de producción y consumo de las sociedades actuales.

“El mundo cuenta con un vasto conocimiento científico y tecnológico acumulado, y a escala mundial se produce la suficiente cantidad de alimentos para todos”, reconoció Pérez al hacer referencia al uso ineficiente e indiscriminado de los escasos recursos naturales y al empleo de grandes sumas de dinero con fines de lucro, armamentistas y especulativos.

¿Qué está haciendo Cuba para mitigar el impacto del cambio climático?

En ese sentido, la ministra destacó la existencia en nuestro país de un programa de enfrentamiento al cambio climático, la promoción de estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgos de desastres, estrategias climáticas sectoriales, el monitoreo, la comunicación y la concienciación social, entre otras acciones.

Así mismo, precisó que Cuba incentiva la creación de capacidades científicas e investigaciones sobre el conocimiento de los impactos del cambio climático para los años 2050 y 2100.

La jefa de la delegación cubana al evento añadió que se cuenta con políticas dirigidas a potenciar el aprovechamiento de las fuentes renovables de energía, sobre todo la eólica, hidráulica, biomasa, solar y biogás, y que se trabaja en la aplicación de un programa de generación de electricidad, a partir de la agroindustria azucarera.

Pero los esfuerzos nacionales serán insuficientes si verdaderamente no existen políticas coherentes a nivel global, que apoyen el alcance del desarrollo sostenible. Por eso, opinó que si la Agenda ONU para el Desarrollo post-2015 busca impacto, “debe ser flexible a fin de responder a las prioridades y situaciones nacionales sobre la base del principio de las responsabilidades comunes, pero diferenciadas”.

“Los países desarrollados deben cumplir sus compromisos en materia de apoyo financiero, creación de capacidades y transferencia de tecnología”

Los casi 20 años transcurridos desde la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo de Río de Janeiro, Brasil, en 1992, pasando por la  Cumbre sobre Desarrollo Sostenible, de Johannesburgo, Sudáfrica en el año 2002,  a la cumbre Rio +20 fueron una prueba de cómo se acentuaron el deterioro de la calidad ambiental mundial y los principales problemas socioeconómicos internacionales en lugar de buscar soluciones de conjunto.

Hablar de desarrollo sostenible, de preocupación por los pequeños estados insulares ha sido tema constante en la política cubana. Apenas concluida la Cumbre de Río en el año 1992 y tomando como base los compromisos contraídos por el país, Cuba modificó el Artículo 27 de la Constitución de la República e incorporó el concepto de desarrollo sostenible. En ese  mismo año se firmaron la Convención sobre la Diversidad Biológica y la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, y en el 1994 se creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA),

Pero hace falta algo más que legislaciones, normas e instrumentos de la gestión ambiental para lograr el verdadero desarrollo sostenible.

La alerta de Fidel en 1992 aún continúa como una voz latente a nivel internacional: “Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la Tierra. No más transferencias al Tercer Mundo de estilos de vida y hábitos de consumo que arruinan el medio ambiente. Hágase más racional la vida humana. Aplíquese un orden económico internacional justo. Utilícese toda la ciencia necesaria para un desarrollo sostenido sin contaminación. Páguese la deuda ecológica y no la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre”.

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